LANZAN EN MONTERREY INICIATIVA DE CAPITALISMO SOCIAL

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Monterrey, Nuevo León 17 septiembre 2020/. El Centro Eugenio Garza Sada lanzó la Iniciativa Capitalismo Social (ICS), para impulsar un modelo que contribuya al bien común y genere desarrollo económico a la par.

Esta corriente de pensamiento se inspira en el legado histórico del empresariado social regiomontano del siglo XX, retomando sus cuatro principios fundamentales: libre emprendimiento, dignidad humana, compromiso social y liderazgo humanista.

Federico Garza Santos, presidente del Consejo del Centro Eugenio Garza Sada, comentó: “El capitalismo es el sistema que ha demostrado la capacidad para detonar desarrollo, prosperidad e innovación, pero requiere ajustarse para enfrentar grandes retos como la desigualdad creciente, la pobreza y la baja movilidad social”.El capitalismo ha fracasado: ¿qué viene a continuación? – ANRed

Durante la transmisión se publicó y firmó por primera vez el Manifiesto Capitalismo Social, documento fundamental de la Iniciativa que invita a asumir compromisos para imaginar una versión cada vez más humana de la empresa.

Los primeros firmantes fueron Eduardo Garza T. Junco, presidente del Consejo de Frisa Industrias; Jesús Luis Barrera Garza, director de Asuntos Corporativos y Gestión de Riesgos Empresariales de Quimmco, Betty Guajardo de Ponte Guapa Hair & Makeup Lab, Enrique García Gámez director General de Ragasa; Javier Arteaga Asís, gerente de Desarrollo de Merco y Rocío Herrera de Breadbox.

El evento incluyó un mensaje de José Ángel Gurría, secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sobre la importancia de iniciativas como esta en el contexto actual de Latinoamérica.

“Me entusiasma saber que en México, actores tan importantes del sector empresarial están lanzando una iniciativa fundada en principios, especialmente en este momento de emergencia mundial”.

“La crisis del Covid-19 nos está dando una oportunidad para reconstruir la economía mexicana con base en la inclusión y la sustentabilidad”, aseguró.

La Iniciativa tendrá cuatro ejes de trabajo: investigar buenas prácticas de impacto social desde la empresa y de la percepción social del sector privado; desarrollar contenidos de alto impacto sobre el capitalismo social; capacitar una nueva generación de empresarios sociales y divulgar a través de medios masivos, digitales y espacios de encuentro.

El lanzamiento concluyó con una invitación a empresarios y empresarias del público general a firmar el Manifiesto Capitalismo Social, disponible en: https://www.capitalismosocial.mx/.

EXPANSIÓN

Capitalismo social: el papel de las firmas profesionales

CIUDAD DE MÉXICO, 03 FEB. 2020 – 

Este nuevo paradigma es asumido por las compañías por tres motivos fundamentales: normativa, mercado y propósito. Respecto al primero, porque así se lo requiere una legislación cada vez más exigente. Esta regulación, para algunos excesiva, impone medidas no directamente relacionadas con la actividad de la empresa, pero obligan a sus órganos de gobierno a implantarlas, con un coste económico y cultural que deben asumir. Nos estamos refiriendo a las nuevas obligaciones no económicas relacionadas con la transparencia, sostenibilidad, diversidad, protección de datos, no discriminación, etcétera. Sirvan de ejemplo la reciente regulación del Estado de información no financiera (EINF) o la de los planes de igualdad.

En segundo lugar, la obligación viene exigida por el mercado. Porter profetizó, mucho antes de la extensión y puesta en práctica de estas nuevas ideas, que la ética, el buen gobierno y la responsabilidad social son activos tan importantes como el conocimiento y la gestión. La creciente presión de los grupos de interés hace que aquellas empresas que no cuenten en su estrategia con preocupaciones sociales, medioambientales y de buen gobierno, serán gravemente perjudicadas por sus clientes y consumidores, que buscarán otras alternativas; por sus proveedores; y, sobre todo, por sus empleados. Esta nueva ola es una bandera que enarbolan la mayoría de los jóvenes, que no están dispuestos a participar en proyectos cuyo único fin sea el beneficio.

La tercera razón es más kantiana. La empresa tiene una obligación ética con su entorno, y debe crear valor para todos los grupos de interés y no solo para sus accionistas. Este abandono del credo a la primacía del socio supone un extraordinario cambio filosófico: debe equilibrarse el beneficio y el propósito de hacer un mundo mejor. El mayor y reciente exponente de este nuevo enfoque ha sido el manifiesto del pasado verano de la Business Roundtable, organización que agrupa a las mayores corporaciones empresariales de Estados Unidos, en el que se asume un cambio de visión radical sobre el objetivo de sus empresas. Esta nueva posición se compromete a entregar bienes o servicios de valor a sus clientes; a invertir en sus empleados y compensarlos de forma justa; a negociar de forma ética con sus proveedores; a apoyar a las comunidades donde se asientan las empresas; y a tener una visión largoplacista a la hora de generar rentabilidad a sus accionistas. Con independencia de que los firmantes del documento puedan haberlo hecho por razones estratégicas, por lavado de imagen, por la presión del entorno, o por pura convicción, y aunque muchos lo consideran una burda herramienta de márketing que quedará en papel mojado, lo cierto es que algo está cambiando en el mundo empresarial.

Los órganos de gobierno de las empresas deben tomarse muy en serio la integración de este cambio de visión en sus políticas estratégicas. Para ello, las firmas de servicios profesionales en general, y en especial los despachos de abogados, tenemos un papel esencial en el asesoramiento y la implantación de las medidas conducentes a cumplir con este nuevo escenario regulatorio y de mercado. Con esta finalidad, las firmas hemos desarrollado, entre otros, servicios de elaboración y auditoría del EINF y de planes de igualdad; implantación de estándares normalizados en materia medioambiental o de RSE; servicios de compliance, auditoría interna y buen gobierno.

En el actual contexto de mentalidad ciudadana, la empresa necesita de legitimidad social, y la ética y los negocios deben avanzar por vías convergentes, porque ambos se retroalimentan. La última gran crisis y las malas prácticas empresariales que la precedieron obligaban a realizar un cambio de rumbo. Por tanto, el camino iniciado es acertado.

Sin embargo, hay que ser cuidadosos con el exceso de regulación, sobre todo si se traduce en un aumento inútil de burocracia. Ya sabemos que la diferencia entre el veneno y la medicina sólo está en la dosis. Quizás, en algunos casos se podría utilizar la figura del “derecho indicativo”, del principio de “cumplir o explicar”, que faculta a que una determinada recomendación no se aplique, si se argumenta, lo que permitiría respetar los valores pretendidos.