22 OCTUBrE 2026/EL PAÍS/
“Maru se cayó del caballo”. La frase se repite entre miembros de la cúpula panista desde el pasado fin de semana, cuando el exfiscal César Jáuregui Moreno se convirtió en el primer mexicano procesado por el delito de traición a la patria en tiempos recientes. La detención, ejecutada primero por la Fiscalía Estatal y secundada por la Fiscalía General de la República, supuso un vuelco en la estrategia política de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, y abrió un abanico de especulaciones sobre una supuesta entrega pactada con la presidenta Claudia Sheinbaum, según dirigentes del partido conservador consultadas por EL PAÍS. En Palacio Nacional y en la dirigencia del PAN se niega tal pacto, luego de meses de confrontación, pero el episodio ha dejado a la oposición sin uno de sus principales referentes en la batalla electoral contra Morena. Los mismos panistas que en el verano cerraron filas con ella bajo la bandera de “Todos Somos Maru”, hoy son cautelosos y evitan respaldarla abiertamente.

La detención del exfiscal toca varias fibras sensibles para el partido dirigido por Jorge Romero Herrera: por un lado, Jáuregui contaba con una base real de simpatizantes que respaldaban su aspiración para postularse a la presidencia municipal de Chihuahua capital. Sus tres décadas de militancia, además de su calidad de consejero nacional, lo hacían ver como un panista de abolengo al que nadie dejaría quemarse solo en la hoguera. Por otro lado, la caída de Jáuregui no marca el final del Caso Chihuahua, iniciado en abril con la muerte de dos agentes de la CIA luego de participar en un operativo antinarcóticos en la comunidad de El Pinal, en el municipio serrano de Morelos. Aunque la presidenta ha dicho que la FGR no tiene elementos para proceder contra la gobernadora y ha cargado las tintas contra el exfiscal, la dirigente de Morena, Ariadna Montiel, ha pedido mantener abiertas las investigaciones hasta dar con la probable responsabilidad de Maru Campos por la intervención de agentes extranjeros en el desmantelamiento del narcolaboratorio. Todo eso ha dejado maltrecha la imagen de la gobernadora, quien se había convertido en un referente opositor y una probable candidata presidencial del PAN para 2030.
Este miércoles, Jorge Romero ha vuelto a ser cauteloso en sus declaraciones, evitando un respaldo abierto a Maru Campos y una condena contundente al exfiscal. “Nadie está por encima de la ley, del color que sea. Estamos conscientes de que hubo dos carpetas de investigación, ambas por distintos delitos, ambas corriendo su propio curso, ambas tienen que seguir para opinar con más claridad. Pero también decimos que Morena de todo se agarra para politizar y golpear a la oposición con que somos traidores a la patria. Pero atribuirle al personaje traición a la patria es una ridiculez”, ha dicho, sin abundar sobre lo que otros panistas ven como una traición de Maru Campos a su exfiscal o una claudicación frente a la presidenta y Morena, que llevan meses usando el Caso Chihuahua en su narrativa de defensa de la soberanía nacional y rechazo a la injerencia extranjera.
La reunión que provocó el giro de Maru Campos
Panistas consultados por EL PAÍS aseguran que el giro en la estrategia de Maru Campos inició el sábado 19 de septiembre, tras la reunión privada que sostuvo con la presidenta antes de su evento por el segundo Informe de Gobierno en el estado de Chihuahua. Lejos de hacer un pacto, la reunión estuvo plagada de reproches, según las fuentes panistas. A diferencia de otros gobernadores -incluso de oposición-, Campos no acompañó a la presidenta en el evento público de su informe, por el temor -de ambas partes- de que su presencia provocara abucheos de un público movilizado principalmente por la estructura de Morena en la entidad. El encuentro, ocurrido en un salón del aeropuerto, fue ríspido, y sirvió para que la presidenta dejara una advertencia sobre la mesa: además del asunto de los agentes de la CIA, la FGR ya investigaba otras irregularidades en las que estaría involucrado Jáuregui, un colaborador cercano a la gobernadora tras 20 años de militancia y trabajo político conjunto
