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El impacto del Fenómeno ‘El Niño’ encarece costos y producción de industrias claves

Con un 75 por ciento de probabilidad de romper récords, el fenómeno agravará el estrés hídrico en cuencas estratégicas del país.

Por Christopher Calderónseptiembre 11, 2026 | 2:37 hrs

El fenómeno meteorológico El Niño tiene un 75 por ciento de probabilidades de convertirse en un episodio histórico y superar todos los registros desde 1950, según previsiones del Centro de Predicción Climática de Estados Unidos.

El indicador oceánico RONI revela que las temperaturas del Pacífico ecuatorial ya se ubican 1.8 grados por encima del promedio y podrían rebasar los 2.5 grados a finales de año, superando el récord previo de 1982-83.

Para la temporada invernal, los meteorólogos proyectan mayores riesgos climáticos, destacando inundaciones en California, sequías en Australia y olas de calor extremas en India y el sur de Asia.

En México, El Niño representa un riesgo operativo para las empresas pues a combinación de sequías, calor extremo y menor disponibilidad de agua elevarán los costos y presionarán la producción de industrias como minería, farmacéutica y energía.

El Servicio Meteorológico Nacional prevé que El Niño continúe fortaleciéndose y alcance una categoría “muy fuerte” entre noviembre de este año y enero de 2027. Para René Ríos, especialista en riesgos climáticos y resiliencia empresarial de Marsh, a esto se suma el estrés hídrico que arrastra desde hace más de 10 años.

El país ocupa el lugar 26 a nivel mundial en estrés hídrico, de acuerdo con el World Resources Institute (WRI).

En minería, el impacto puede llegar a la producción. Sonora, Zacatecas, Chihuahua, Guerrero, Durango y otras entidades del norte y centro concentran importantes operaciones en zonas donde existe una fuerte competencia por el agua. El recurso se utiliza desde la molienda y flotación hasta la lixiviación, transporte de jales y enfriamiento.

“Son riesgos que se van viendo en cascada a partir precisamente de esa situación de escasez del recurso natural”, señaló Ríos.

Para Fernando Alarcón, líder de Gestión del Agua en Stantec, las lluvias intensas e inundaciones pueden afectar la infraestructura minera, mientras que la sequía puede provocar problemas de generación hidroeléctrica.

“El Niño puede amenazar la oferta de metales críticos justo cuando la demanda de cobre está creciendo por electrificación, redes eléctricas, vehículos eléctricos, centros de datos e infraestructura de IA. Es decir, el riesgo no es únicamente que una mina produzca menos, sino que un choque climático termine estrechando la oferta global y presionando los precios”, comentó.

Industria farmacéutica e hidroeléctricas, en riesgo

En la industria farmacéutica, los acuíferos sobreexplotados pueden concentrar minerales, sales y contaminantes, obligando a incrementar los procesos de tratamiento para alcanzar los niveles de calidad que exige la fabricación de medicamentos,explicó René Ríos

El calor extremo agrega otro frente para las farmacéuticas: la cadena de frío. Mayores temperaturas y una demanda eléctrica más elevada pueden obligar a revisar instalaciones, sistemas de respaldo y rutas de distribución para garantizar que los medicamentos permanezcan bajo las condiciones requeridas.

Por su parte, el sector energético enfrenta una paradoja, ya que el calor incrementa el consumo de electricidad y la falta de agua reduce la generación hidroeléctrica.

“Las empresas generadoras de electricidad ven que les está afectando el clima, entonces van a depender aún más de fuentes fósiles, lo cual sigue afectando más el clima. Entonces, veremos una gran afectación a este sistema o a esta tecnología de generación de energía”, advirtió Ríos.

El resultado puede ser una presión simultánea sobre costos y abasto: más aire acondicionado y ventilación elevan la demanda eléctrica, mientras una menor generación hidroeléctrica puede aumentar la dependencia de otras fuentes y presionar los precios.

Por ello, Ríos considera que El Niño debe dejar de tratarse como una contingencia meteorológica y comenzar a gestionarse como un riesgo estratégico. Las empresas, sostuvo, tendrán que incorporar sequías, inundaciones y olas de calor a sus mapas de riesgo, establecer umbrales de respuesta y revisar sus seguros y planes de continuidad.

“Esto no es un tema nuevo, es un tema recurrente. Lo que tienen que ir haciendo las empresas es avanzar en la adaptación y resiliencia antes de que suceda el evento, y obviamente incorporar las lecciones aprendidas una vez pasado el evento”, concluyó.

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