Lunes, 7 de septiembre /SAN DIEGO UNION TRIBUNE/Artículo de Opinión/
Por
Casey Castillo y
Kathryn Lembo
Cada día, en el condado de San Diego, las familias trabajadoras se ven obligadas a tomar decisiones imposibles entre comprar alimentos, pagar el alquiler, costear el cuidado infantil y cubrir los gastos de transporte. Un salario constante ya no garantiza tener suficiente comida en la mesa. Tras cubrir los gastos esenciales, muchas familias descubren que, sencillamente, no les queda dinero suficiente para todo lo demás.
El hambre no es un problema derivado del desempleo; es, cada vez más, un problema de asequibilidad. El 97 % de los hogares locales que tienen dificultades para cubrir sus gastos básicos cuenta con al menos un adulto que trabaja, según el informe Real Cost Measure (Medida del Costo Real) de octubre de 2025 de United Way del condado de San Diego.
La vivienda es un claro ejemplo de esta presión. Según el condado de San Diego, el costo de un apartamento de una habitación aumentó casi un 49 % entre 2020 y 2025. Cuando una parte tan significativa del presupuesto familiar se destina al alquiler, queda poco margen para absorber el aumento de los costos de alimentos, cuidado infantil, transporte y atención médica.
Detrás de estos costos crecientes hay personas reales que toman decisiones difíciles a diario. Somos testigos de esta realidad a través de nuestra labor en el Jacobs & Cushman San Diego Food Bank —la organización de ayuda alimentaria más grande del condado y su red oficial de seguridad alimentaria— y en SBCS , una organización sin fines de lucro con sede en South Bay que apoya a niños y familias mediante servicios de salud conductual, asistencia para la vivienda, bienestar infantil y otros servicios comunitarios.
Observamos el mismo patrón preocupante: las familias hacen todo lo posible por salir adelante. Trabajan, crían a sus hijos y contribuyente a sus comunidades; Sin embargo, sus ingresos siguen sin alcanzar para cubrir las necesidades básicas. Cuando el dinero se escapa, los alimentos suelen ser el único gasto que las familias pueden recortar, a pesar de que la alimentación es algo esencial y en absoluto opcional.
El Mes de la Concientización sobre el Hambre, que se celebra en septiembre, nos brinda la oportunidad de cuestionar las ideas preconcebidas sobre quiénes padecen hambre.

Según la San Diego Hunger Coalition , para marzo de 2026, uno de cada cuatro habitantes de San Diego sufría inseguridad alimentaria, lo que significa que no podían costear tres comidas nutritivas al día con sus propios ingresos. Los programas públicos y benéficos de asistencia alimentaria proporcionarán aproximadamente 29 millones de comidas ese mes; sin embargo, se necesitaron 4,1 millones más para satisfacer las necesidades de la región.
Y aunque el hambre afecta a todos los rincones de nuestra región, no se distribuye de manera uniforme. En algunos códigos postales del sur del condado (South County), las tasas de inseguridad alimentaria superan con creces el promedio del 25 % registrado en todo el condado, alcanzando niveles de entre el 40 % y el 60 %, según la Hunger Coalition.
En SBCS, las familias suelen buscar ayuda para enfrentar la inestabilidad habitacional, los desafíos de salud conductual, las necesidades de cuidado infantil y otros obstáculos para la seguridad económica. En el Banco de Alimentos, somos testigos de cómo estas presiones simultáneas pueden obligar a tomar decisiones difíciles y dejar los alimentos nutritivos fuera del alcance de las familias.
La asistencia alimentaria por sí sola no puede erradicar el hambre. Las familias necesitan acceso a alimentos, apoyo para la vivienda, servicios de cuidado infantil y de salud conductual, así como otros recursos que les permitan recuperar la estabilidad y salir adelante. Gracias a nuestra colaboración, el Banco de Alimentos respalda una despensa semanal en el Centro de Recursos Familiares de SBCS en National City y distribuye alimentos a través de su red de centros de distribución, facilitando el acceso a comida nutritiva y conectando a las familias con otros servicios esenciales.
La experiencia de una madre de 22 años ilustra la importancia de este apoyo. A pesar de trabajar largas jornadas y criar a dos hijos menores de cinco años, le resultaba difícil llegar a fin de mes. A través de SBCS, accedió a apoyo en la crianza, recursos comunitarios y asistencia alimentaria, lo que le permitió optimizar sus ingresos y aliviar la presión económica sobre su familia. Este respaldo fortaleció la estabilidad de su hogar y contribuyó a que lograra la independencia económica.
Está claro que combatir el hambre exige vínculos más sólidos entre la asistencia alimentaria y los servicios integrales que favorecen la estabilidad del hogar, a cubrir desde la atención médica y la vivienda hasta la educación y el apoyo familiar. Cuando las familias pueden acceder a estos servicios de manera conjunta, están mejores preparadas para afrontar los contratiempos económicos antes de que una dificultad pasajera se convierta en una crisis mayor.
Quizás el paso más importante sea cambiar nuestras suposiciones sobre quiénes padecen hambre. Cada vez más, se trata de familias trabajadoras integradas en todas las comunidades —nuestros vecinos, compañeros de trabajo y de clase— que hacen todo lo posible por llegar a fin de mes, pero aún así no lo logran.
El hambre no debería ser la consecuencia de trabajar duro. Sin embargo, para millas de familias de San Diego, esa es la realidad actual. En una región con tantos recursos como la nuestra, todas las familias deben tener acceso a suficientes alimentos nutritivos para prosperar. Un salario debería brindar estabilidad, sin incertidumbre sobre la próxima comida.
Castillo es director ejecutivo del Jacobs & Cushman San Diego Food Bank. Lembo es presidente y director ejecutivo de SBCS (anteriormente conocida como South Bay Community Services).
