REUBICAN A PERSONAS QUE PEDÍAN ASILO POLÍTICO A EE.UU. Y SE INSTALARON EN “EL CHAPARRAL” TIJUANA

REUBICAN A PERSONAS QUE PEDÍAN ASILO POLÍTICO A EE.UU. Y SE INSTALARON EN “EL CHAPARRAL” TIJUANA

TIJUANA BAJA CALIFORNIA, SÁBADO 19 de junio 2021.-  Se terminó el contrato con la empresa que les daba servicios sanitarios en la zona de “el chaparral”, en los límites de la frontera de México con Estados Unidos, en Tijuana  y los CIENTOS DE migrantes  extranjeros y mexicanos,   que por tres meses se instalaron en esta zona  y pedían asilo político  al vecino país,    fueron reubicados la tarde del sábado a distintos  sitios en Tijuana.

El operativo se realizó  de parte del ayuntamiento de Tijuana y  no se registró  ninguna resistencia muchos se instalaron en el estacionamiento del SAT contiguo a la aduana.

Personal  del municipio retiraron  casas de campaña y otros enseres  que inmigrantes de Haití, Honduras, El Salvador, Guatemela y de varios mexicanos  que se  instalaron en la entrada de “el chaparral” , debajo del puente vehicular en espera de una respuesta del gobierno de Estados Unidos para darles asilo político.

Los migrantes  y mexicanos llegaron ahí a finales de febrero 2021, “el Chaparral” tras circular el rumor de que el presidente norteamericano Joe Biden había anunciado que serían recibido las personas victimas de violencia política física y económica en sus países de origen.

Al llegar a la puerta de acceso recibieron un rechazo y les informaron que no había asilo político sólo para los que previamente lo habían solicitado antes del inicio de la pandemia.

MEXICANOS EN “EL CHAPRRAL”: “Mi familia y yo venimos de un lugar donde matan gente”.

Manuel, sus hermanas, su mamá y abuela fueron amenazados en Michoacán

Nota de EL UNIVERSAL

Manuelito cuenta que tiene 49 dólares ahorrados que espera gastar en comida al llegar a Estados Unidos. Su familia y él tuvieron que huir de Michoacán porque sufrieron amenazas de muerte. Ahora están varados en Tijuana, en espera de cruzar la frontera. Fueron desplazados y ahora viven con incertidumbre en una tienda de campaña.

Manuelito cumplió ocho años, sus tres hermanas son menores que él; la más pequeña tiene cinco meses. A los niños los acompañan su madre y su abuela, juntos pudieron salir de la comunidad en la que vivían antes de que se viera afectada su vida. La violencia los obligó a dejar todo.

“Mi familia y yo venimos de un lugar donde matan gente”

A Manuel le gusta el helado tanto como jugar y platicar.

“Estamos huyendo. Venimos de un lugar donde matan gente, ¿ya le dijo mi mamá? Del pueblo del que yo vengo ya queda poquita gente”, cuenta.

El tío de Manuel fue amenazado de muerte pero pudo escapar a tiempo, por lo que poco después del incidente cruzó la frontera norte.

“Mataron a mi padrastro, mi papá verdadero lo mandó a matar. No hacía nada malo, él estaba trabajando, era albañil. Mi abuelita le decía: ‘Vete al norte’, pero él le contestaba que nos íbamos a ir todos. Se fue a trabajar y cuando iba a bajarse del carro lo mataron. Todas las ventanas estaban quebradas. El carro quedó agujereado de los balazos que le metieron porque pensaron que mi mamá iba con él.

“Unos señores malos nos dieron cuatro horas para salir de ahí, que teníamos cuatro horas o nos quemaban con la casa”, narra el menor.

La abuela de Manuel describe la desesperación que han vivido. Uno de sus hijos pudo irse a Estados Unidos y ella espera poder estar junto a él y mantener a salvo a su familia: “Venimos huyendo y tenemos miedo de que nos hallen. Yo no dejaría a mi hija y nietos solos, porque los problemas que tenemos los grandes también los tienen ellos. Aquí nos encontramos con otras familias que están igual que nosotros”.

Junto a la tienda de campaña que la familia de Manuelito ha habilitado por varios meses, en las inmediaciones de El Chaparral, en Tijuana, Baja California, se encuentra una familia de nueve integrantes originaria de Chiapas. Una de sus miembros es una mujer de 40 años, quien cuenta cómo la violencia también los obligó a marcharse.

“Vengo huyendo porque a mis hijos me los quisieron levantar. Querían que trabajaran con los de la mafia. Nos iban a matar pero escapamos. Tienen 9, 10, 13, 14, 15 y 16 años. Yo no los quiero mandar solos porque son chicos y los tengo que cuidar”.