“ES HORA DE CERRAR HERIDAS”.Biden lanza un mensaje de conciliación nacional en su discurso de victoria

“ES HORA DE CERRAR HERIDAS”.Biden lanza un mensaje de conciliación nacional en su discurso de victoria

JOE BIDEN  290 votos  DONALD TRUMP 214

 

WASHINGTON, D.C. 07 noviembre 2020/ AMANDA MARS Y MARÍA ANTONIETA SÁNCHEZ VALLEJO, PERIÓDICO EL PAÍS/

Joe Biden ya es presidente electo de Estados Unidos. Su victoria abre una nueva era y marca el principio del fin del controvertido legado de Trump, que no ha reconocido la derrota. En su primer discurso, el demócrata insistió en que no quiere más divisiones.Biden: "Es el momento de sanar en Estados Unidos"

Kamala Harris se convierte en la primera vicepresidenta de la historia

Un mensaje de unidad para sacar adelante un país partido en dos mitades y abismado en la peor crisis socioeconómica en un siglo.

El presidente electo de EE UU, Joe Biden, se ha dirigido este sábado por la noche a la nación para proclamar finalmente su victoria, tras días de escrutinio agónico, y ofrecer una mano tendida a sus adversarios (“son oponentes, no enemigos”), incluso a través de una cooperación bipartidista en el Congreso, para abordar la tarea más perentoria de su incipiente mandato, la crisis de la covid-19. “Es el momento de sanar a Estados Unidos”, reiteró, un propósito que sonó aún más ambicioso pues va más allá de la pandemia, a restañar la fractura provocada por el desordenado ejercicio del poder de Donald Trump, y ahora su mal perder. “Es hora de derrotar la desesperanza”, apuntó, para lo que emplazó a sus conciudadanos a unirse a él y decidir si quieren cooperar en vez de pelear. “El mandato popular que hemos recibido es el de la cooperación entre partidos”, recordó, al tiempo que ponderaba los 74 millones de votos recibidos, el mayor apoyo a un presidente en las urnas en la historia del país.

Entre los sobrados méritos de Biden no destaca precisamente la excelencia oratoria (sus balbuceos son perceptibles, fruto sin duda del cansancio, o por la edad), ni un arrollador carisma como el de Barack Obama; tampoco la energía expansiva de su número dos, la vicepresidenta Kamala Harris. Pero hoy no le hizo falta tal despliegue: le bastó con proyectar solvencia, y un par de ideas claras y sencillas a modo de hoja de ruta, como la lucha contra el coronavirus y la necesidad imperiosa de unir a un país más desgarrado, en todos los sentidos, que nunca. La gestión de la pandemia empezará, dijo, por la creación de una célula de crisis “formada por científicos líderes y expertos” que se formará este mismo lunes y empezará a operar “el próximo 20 de enero”, el día en que el político demócrata deberá tomar posesión como 46º presidente de Estados Unidos. “Nuestro trabajo empieza poniendo la covid-19 bajo control, no nos vamos a ahorrar ningún esfuerzo en ello”, subrayó. Recordar a las más de 236.000 víctimas mortales de la enfermedad en el país le llevó a empatizar con el dolor de sus familias, él, que sabe tan bien lo que supone perder a un hijo -ha enterrado a dos-, mediante una mención especial a su idolatrado hijo Beau que también hizo suya la vicepresidenta in péctore, durante su discurso introductorio a Biden.

Afrontar el desafío del cambio climático y la desigualdad socioeconómica provocada por el “racismo sistémico” fueron otros anuncios ya conocidos de su discurso, con un recordatorio especial del apoyo recibido por parte de la comunidad afroamericana, muy patente en la localidad donde reside y con la que mantiene estrechos lazos. No en balde, como recordó Harris, Biden ha elegido a la primera vicepresidenta de color de la historia, tras haber trabajado durante ocho años con el único presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama.

El veterano político demócrata -el segundo presidente católico del país; el decimoquinto vicepresidente que superó su marca llegando a la presidencia- repitió gran parte del contenido de los mensajes de concordia y reconciliación pronunciados estos días, como que no gobernará como un político de un partido, “sino para todos los americanos”. “Voy a trabajar tan duro por aquellos que no me votaron como por los que lo hicieron, porque es hora de poner fin a la demonización [del contrario], la gente quiere que demócratas y republicanos unan fuerzas”. Su discurso es una mano tendida a Donald Trump para facilitar el traspaso de poder, y un guiño a los votantes del republicano, cuyo malestar dijo entender, “porque yo también he perdido un par de elecciones, pero ahora debemos darnos una oportunidad y apartar la dura retórica”.

Esperanza, verdad, unidad, empatía, ciencia, verdad: unas cuantas palabras que sonaron a conjuros, muy sencillas, y que marcan la perfecta línea divisoria con respecto a su predecesor. También fueron los conceptos más repetidos en el discurso de la vicepresidenta electa, que precedió a Biden en el escenario vestida de blanco como una sufragista y citando para empezar al difunto líder de los derechos civiles John Lewis: “La democracia no es un estado, es un acto”. “No podemos darla por garantizada, hay que pelear por ella, exige esfuerzo y lucha”, dijo. “Seré la primera mujer en este puesto, pero no la última, muchas niñas verán hoy que es posible, que esta es la tierra de las posibilidades si se sueña con ambición y se lidera con convicción”, dijo una Harris más enérgica y carismática que su jefe, para quien pretende ser “como fue Joe para con Obama, un colaborador leal, una trabajadora dura y fuerte”. “El camino no va a ser fácil pero América está preparada, igual que lo estamos Joe y yo”.