Especialistas alertan que la lluvia mezclada con humo de refinerías puede transportar metales pesados y compuestos tóxicos que afectan el sistema respiratorio y otros órganos.
Por Bloomberg / Laura Millan y Aaron Clarkmarzo 14, 2026 |
La noticia de la lluvia negra que caía sobre Teherán le resultaba demasiado familiar a Nejat Rahmanian mientras revisaba las alertas en las redes sociales e intentaba contactar con sus familiares el 8 de marzo.
Horas antes, ataques con drones israelíes alcanzaron enormes depósitos de petróleo y refinerías en las afueras de la capital iraní, provocando incendios en el combustible y liberando columnas de humo negro que, más tarde ese mismo día, se mezclaron con nubes de lluvia que vertieron sustancias químicas tóxicas sobre la ciudad.

Las descripciones le recordaron al investigador iraní un suceso similar que vivió en la ciudad hace 35 años. Fue surrealista, recordó Rahmanian, profesor de ingeniería química y petrolera en la Universidad de Bradford del Reino Unido. La ropa tendida para secar se manchó y el ambiente se sentía pesado. Nadie sabía por qué.
Más tarde, supieron que, a unos 1290 kilómetros (aproximadamente 800 millas) de distancia, en Kuwait, las fuerzas iraquíes que combatían contra las fuerzas estadounidenses y aliadas en la Guerra del Golfo habían incendiado cientos de pozos petrolíferos. Columnas de hollín, hidrocarburos y dióxido de azufre se extendieron sobre Irán, contaminando todo a su paso y acelerando el deshielo de los glaciares del Himalaya, según un estudio de 2018 dirigido por Jiamao Zhou en la Academia China de Ciencias.
