LOS FRENTEs DE GUERRA DE TRUMP. Por Francisco Martín Moreno

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PERIODICO EL PAÍS DE ESPAÑA/marzo 2018/

Cuando Trump decidió imponer gravámenes a las importaciones de aluminio y acero a algunos países de le Unión Europea, así como al gigante chino en diversos artículos de importación, en realidad estaba iniciando una guerra arancelaria en la que, sin duda, no habrá vencedores, como casi siempre acontece en los conflictos comerciales y, desde luego, en los armados.

Por su parte, la Unión Europea decidió devolver la acometida al escoger una serie de artículos exportados por Estados Unidos a dicha Unión, entre los que se encuentra, de manera cómica, hasta el pop corn, las palomitas famosas que se venden fundamentalmente en las dulcerías de las salas cinematográficas.

Por supuesto que el presidente Xi no se va a quedar con los brazos cruzados ante semejante agresión mercantil iniciada en los cuarteles generales de Washington. Los chinos también preparan el ataque a los artículos norteamericanos para gravarlos en las debidas proporciones. Es conveniente hacer notar que el déficit en la balanza comercial entre China y los Estados Unidos se eleva a casi 300.000 millones de dólares a favor de los asiáticos, por lo que Trump ha nombrado a este cataclismo financiero como el robo más grande de la historia.

Para justificar el inicio de las hostilidades arancelarias, la Casa Blanca alega que China roba la tecnología yanqui sin pagarla y, además, adulterándola y mejorándola.

No le falta razón a Trump en el uso y abuso de la tecnología norteamericana por parte de los chinos, sin embargo, debería poner su atención en los altos costos de producción existentes en Estados Unidos que expresan la necesidad de una modernización de su industria. ¿Por qué Estados Unidos importa automóviles alemanes por valor de 21.000 millones de dólares? ¿No se tratará de vehículos muy baratos, armados en diferentes partes del mundo de una extraordinaria calidad, de la que carecen los americanos? ¿Y la robótica…?

Otro frente abierto por Trump se encuentra en el desastroso nombramiento de John Bolton, su nuevo consejero de Seguridad Nacional, quien se ha cansado de justificar la invasión de los Estados Unidos en Irak, en 2003. Por supuesto que Sadam Hussein no tenía armas atómicas, como bien lo anticipó la ONU en su momento.

Bolton propone ahora declarar la guerra a Corea del Norte, de la misma manera que intentará que Estados Unidos bombardee Irán, dado que, según él, este último país está llevando a cabo ingentes esfuerzos no para terminar la construcción de una terminal nuclear para generar energía eléctrica, sino que intentan construir bombas atómicas para cambiar los equilibrios políticos y militares en el Medio Oriente. Imposible perder de vista que los líderes iraníes han propuesto, en forma reiterada, el objetivo de destruir Israel hasta desaparecerlo de la faz de la tierra.

Bolton de ninguna manera puede ser un consejero estable y objetivo en aras de avanzar en la negociación de unos tratados suscritos entre la Unión Europea y Estados Unidos durante la afortunada gestión del anterior presidente Barack Obama. Irán ha demostrado su apertura para que representantes de la ONU revisen sus instalaciones y conozcan la realidad de sus verdaderas intenciones pacíficas.

En el último frente aparece una sensacional actriz porno llamada Stormy Daniels, quien encabeza una disputa legal con Trump por haber tenido relaciones sexuales con ella en 2006. Hechos, hoy públicos, que el presidente niega a voz en cuello. En un principio, a cambio de 130.000 dólares, dicha actriz aceptó guardar silencio, hasta que lo rompió el abogado de Trump, con lo cual dicha dama se sintió liberada de toda responsabilidad moral y jurídica, por lo que ahora invierte su tiempo en mofarse del jefe de la Casa Blanca y de su lema de campaña electoral al decir: “Vamos a hacer a Estados Unidos ‘caliente’ otra vez”.

Mientras Trump niega los hechos, Stormy organiza espectáculos en Estados Unidos, burlándose de su antiguo amante, ganando mucho dinero y haciéndose una gran publicidad. Nadie había logrado dañar con tanto éxito la figura presidencial, como lo ha hecho la propia Stormy, sin olvidar los perjuicios familiares entre la esposa y los hijos de Trump.

¿Saldrá, acaso, airoso el presidente Trump de los tres frentes de guerra abiertos simultáneamente?

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