MUNICIPIOS DE MEXICO DONDE YA NO HAY POBREZA

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BLOOMBERG | HELENA LOZANO GALARZA

Sombrero de paja, camisa a rayas, pantalones de mezclilla empolvados, botas y manchas de pintura blanca salpicada por todo el cuerpo. Se trata de José Manuel Montaño, quien regresa a su casa después de una larga jornada laboral.

Él es uno de los tan solo 26 pobladores que viven en situación de pobreza en Huépac, un municipio ubicado en la sierra sonorense a unos 158 kilómetros de la capital del estado, Hermosillo, que logró convertirse en la comunidad con el menor porcentaje de población en pobreza en todo el país, con apenas 2.7 por ciento de sus habitantes en ese rango, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

En Huépac, las mil 154 personas que lo habitan se alimentan a diario -tres veces al día-, y tienen una casa que cuenta con todos los servicios básicos: agua potable, luz eléctrica y drenaje sanitario. En este municipio, lo que hace ‘rico’ a una persona es si cuenta con tierras y trabajo fijo, o no. Visto desde cualquier métrica, lo que ocurre en este pequeño y poco conocido pedazo de Sonora es una auténtica anomalía en México y Latinoamérica.

El presidente municipal de Huépac, Francisco Javier Padilla, presume todo lo que ocurre en esta especie de utopía a la mexicana. “Todos tienen techo, aquí no hay problema, todos tienen salud, derecho a la educación y, si vas a los hogares, todos tienen un refrigerador, una televisión; es más, cerca del 80 por ciento tiene su propio carro”, asegura orgulloso de su ‘milagro económico’.

¿Pero cómo es que en Huépac prácticamente nadie es pobre?

Lejos de ser producto de los buenos gobiernos, para desconsuelo de Padilla, la situación económica del municipio responde a otras circunstancias, principalmente la poca población y la migración de los jóvenes. A lo largo de las diez cuadras por las que se extiende el poblado hay un solo restaurante, dos hoteles, las tiendas de abarrotes se pueden contar con los dedos de una mano y no hay ninguna gasolinera. La economía del municipio está basada exclusivamente en la actividad ganadera y agrícola.

Según Everardo López, ganadero y agricultor de Huépac, “se vive de manera muy tranquila, principalmente porque es un pueblo, y gracias a Dios tenemos la oportunidad de vivir del ganado y de pequeñas siembras que mayormente son producto de pastoreos, vacas, para el mismo ganado”.

Huépac, con su 2.7 por ciento, tiene un menor índice de pobreza que algunas delegaciones de la Ciudad de México, como Benito Juárez, que ostenta un 4.9 por ciento o Miguel Hidalgo y su 7 por ciento.

Como Huépac, de 2010 a 2015, otro municipio sonorense logró reducir el porcentaje de población en situación de pobreza en todo el país: San Felipe de Jesús, que actualmente cuenta con tan solo un 4.2 por ciento de sus habitantes en ese rango.

En San Felipecuando los jóvenes cumplen la mayoría de edad se van a vivir a ciudades más grandes como Hermosillo, o cruzan hacia Estados Unidos para estudiar la universidad y buscar trabajo. Delfina Ochoa, la presidenta municipal, es un claro ejemplo. Sus padres se fueron de jóvenes a estudiar ‘al otro lado’, y ella y sus hermanos nacieron allá. Después de 30 años, fue la única que decidió regresar. “Aquí hay bajos niveles de pobreza, pero también hay sacrificios, un costo por eso; muchos salen a estudiar y trabajar, y mandan dinero a sus familias. Se van a trabajar a Hermosillo, las fábricas más grandes, a estudiar en Estados Unidos, como yo, o a trabajar en las minas”.

Los que deciden quedarse en sus municipios, trabajan sus tierras y viven de la mejor manera posible, como Don Isidro, poblador de la Comisaría del Jojobal, quien es la persona más pobre, de los 18 pobres que viven en San Felipe… Él es nada menos que el tío de la presidenta municipal.

Sin embargo, Don Isidro ha decidido vivir en esas condiciones; una casa de adobe que no tiene luz, ni drenaje, pero que construyeron hace décadas sus padres y por ello tiene una importante carga emocional. Justo detrás de esa construcción, el gobierno le dio hace varios años otra casa, pero de cemento y con todos los servicios, que está abandonada.

El poblador del Jojobal afirma que vive de manera “económica”, y que trabaja para comprar comida. “No tengo luz eléctrica, ni drenaje sanitario, pero eso casi no lo uso, eso es para las personas que están enfermas, además la casa de allá atrás no es mía, yo aquí me quedo”.

En México, un país en el que 55 millones de personas viven en situación de pobreza, la vida que llevan los pobladores de Huépac y San Felipe puede considerarse como un lujo… y reducir a menos del 5 por ciento los niveles de pobreza ya no pareciera una utopía.

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