EL PELUQUERO ROMÁNTICO.Una película sobre nostalgia. VIDEO

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GACETA UNAM/RAFAEL PAZ, 12 JUNIO 2019/

El protagonista de El peluquero romántico (2016), Víctor (Antonio Salinas), es un hombre marcado por la pérdida. La cinta arranca cuando éste acaba de perder a su madre y, junto con ella, el mundo que habitaba por completo. Bajo ese pretexto, el director de la película, Iván Ávila Dueñas –La sangre iluminada, Adán y Eva (todavía)–, reflexiona sobre cómo un individuo reconstruye poco a poco, de manera sutil, su cotidiano.

El largometraje es “un proceso de restauración, de reconstrucción emocional, a partir de una pérdida grande. Mi personaje llevaba un buen rato dedicado a los cuidados de una enfermedad, cuando eso termina, e intenta retomar su vida emocional, ¿dónde quedó él? Entonces empieza a retomar esos fragmentos,” comentó Dueñas en entrevista radiofónica con Resistencia Modulada, la barra nocturna de Radio UNAM.

“La idea detrás de esta película tenía que ver con ¿cómo opera lo cotidiano en la transformación? La manera en que esas pequeñas cositas se van acumulando, es como un espiral, donde se suman pequeñas puntos que te convierten en otra persona a lo largo de un proceso. Queríamos vivir la vida de un peluquero de barrio en la Ciudad de México a lo largo de siete semanas y cómo esos elementos que aparecen lo empujan a respirar un poco. Ir levantando, sumar de a poco, hasta llegar a otro estado”, añadió el realizador.

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El trabajo de Ávila Dueñas, quien impartirá una clase magistral sobre su trabajo en el Centro Cultural Universitario el 22 de agosto, también busca hablar de una época del cine mexicano olvidada por las producciones contemporáneas, las cuales parecen estar enfocadas a un solo género y lejanas de sus raíces cinematográficas nacionales.

“La película no está enfocada en ello, aunque sí está en su contexto porque el personaje principal es anacrónico. Vive en una burbuja creada por su madre, más en la época de ella que la propia. La peluquería es una cápsula de tiempo, porque ésta cambia poco. Los espejos y los sillones siempre son los mismos, cambian las revistas de la semana.”

“Siempre me ha gustado mucho el cine clásico mexicano. Tengo directores, películas y actores favoritos. De eso quería hablar, de ese ambiente cómodo para el espectador mexicano. Son referencias que tenemos, aunque sea de oídas. Aunque no se frecuenten, ahí están. Quería meter al espectador en eso,” comentó.

Para Ávila Dueñas, el cine mexicano de la época del cine de oro se permitía adentrarse en diversos géneros, en ser popular sin perder su faceta autoral. La combinación permitía satisfacer por igual manera el gusto del público y las ansias artísticas de sus creadores. Situación que actualmente se antoja complicada.Resultado de imagen para el peluquero romantico, pelicula

“Lo que me interesa de esa época es cómo, cada tanto, dentro de ese cine taquillero hay una línea que da lugar a un cine muy inteligente en paralelo. No había una sola línea, había comedia, drama, cine negro y otros géneros que se frecuentaban sin problema alguno.”

“Ahora tenemos muchas voces, tan diferentes como Rodrigo Pla, Julián Hernández, Yulene Olaizola, Ernesto Contreras, etc. ¿Pero cuáles son las taquilleras? Cinco. ¿Cuántos géneros? Uno. Todas parecen venir de la misma productora, con los mismos actores. Hasta que lo agotan y nadie lo quiere ver. Esos cuatro, cinco actores que hacen taquilla siempre los llevan al cansancio, hasta que el público se aburre.”

–¿Cómo podían convivir en la época del cine mexicano Ismael Rodríguez, Emilio Fernández y Julio Bracho?

–De repente había unos taquilleros como Miguel M. Delgado o Martínez Solares, pero estaba Buñuel y el primer Alcoriza como contrapeso. Era más incluyente la taquilla. No es que el cine mexicano actual no tenga diversidad de voces, la publicidad y el dinero se está orientando a un género, con sus cinco o seis actores probados. Si los mueves de género ya no pegan. Se limitan los espacios,” detalló el cineasta.

Esa concentración de espacios y presupuestos ha llevado, según Ávila Dueñas, a que las nuevas generaciones de cineastas mexicanos se alejen de la historia cinematográfica del país, optando porque sus referentes sean extranjeros y ajenos a lo mexicano.

Y Ávila Dueñas se hace preguntas que él mismo responde:

“Cuáles son las cosas que conforman el imaginario mexicano. A veces renegamos un poco de ellas y las generaciones nuevas se van alejando. Los estudiantes de cine no ven cine mexicano clásico. Por eso llegan queriendo innovar con cosas que ya se hicieron. ¿Qué no conocíamos ya esas historias? Repetimos y empezamos de cero cada determinado tiempo.

“El medio cinematográfico es muy ignorante. Si lo comparamos con lo que sucede en cualquier otra arte, cualquier producto cultural lleva más referencias y reflexión. En México no se lee para escribir, por eso lo resolvemos con las ocurrencias de la semana. El nivel de reflexión que implica pintar un cuadro, no se compara con la cantidad de textos y referencias que se deben tener para poder hacerlo. Así parezca un garabato, tiene reflexión detrás y teoría.

“En el cine no existe eso, los cineastas mexicanos son ignorantes. Se debe asumir así y ni modo, somos ignorantes porque tenemos una preparación precaria. Si estudias literatura, no puedes graduarte sin leer los antecedentes del país. Si no lees la base, al menos, es imposible. Si quieres ser cineasta y no conoces a los cineastas anteriores tendrás una carestía, un hueco que se suple con tonterías. Así lo demuestra la taquilla. No es lo correcto, deberíamos reflexionar y ver el cine mexicano, porque ahí ya se habían resuelto muchas cosas, incluso de nuestra taquilla. El cine clásico mexicano tiene grandes ejemplos de cómo se hacen las cosas,” concluyó.

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